Antecedentes y marco teórico

Antecedentes

El interés de la antropología en el mundo de la empresa surgió en 1930 en la Universidad de Harvard y en la de Chicago, conocida entonces como Industrial Anthropology que después se denominó como Business Anthropology, perolas primeras referencias sobre el emprendimiento remontan a estudios realizados en el siglo XVIII (Richard Cantillon; Say, 1803; Walras, 1877; Weber, 1905; Baudeau, 1910; Knight, 1921; Hoselitz, 1951; Schumpeter, [1942]1996; Chapple, 1953; McClelland, 1961; Collins y Moore, 1973; Richardson, 1979; Arensberg, 1981; Bosche, 1984; Gartner, 1985; Deal y Kennedy, 1985; Gartner, 1988; Granovetter, 1985; O ́Farrel, 1986; Tunstall, 1986; Baba, 1986; Shein,1988; Begley y Boyd, 1989; Timmons, 1989).

Las primeras referencias sobre el concepto de cultura organizacional o cultura corporativa podríamos remontarlas a los años 20 y al psicólogo Elton Mayo y sus colaboradores. Él dirigió la primera investigación de importancia entre 1927 y 1932, con el estudio o experimento Hawthorne (Mayo, 1949). Warner contribuyó en la tercera fase de la investigación en la que examinaba cómo los trabajadores realizaban sus tareas con técnicas metodológicas de la antropología: la observación y las entrevistas.

El creciente interés por la creación de empresas como medio para resolver los problemas del desempleo (David Birch, citado por: Varela, 2001; Díaz et al., 2005; Reynolds et al., 2005; Moncayo, 2008; Barros y Pereira, 2008, citados por Mello et al., 2011), y del fomento de la innovación, ha llevado a organizaciones públicas y privadas de todos los países a crear medidas y programas de apoyo para el emprendedor (Shapero, 1985; Thornton, 1999; Díaz et al., 2005; Amorós, 2011; Sánchez y Gutiérrez, 2011)

En 2002, la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea publica un informe titulado El espíritu empresarial en la Educación y la Formación Profesional creado por un grupo de expertos pertenecientes a diferentes países de la UE. El propósito de éste informe es promover la mentalidad empresarial entre los jóvenes profesionales (2002, p.10). En el 2003, la Comisión de las Comunidades Europeas lanzó el Libro Verde: El Espíritu empresarial en Europa, en el que considera el emprendimiento un factor clave para el crecimiento, el empleo y la realización personal de las personas. En 2008 nace el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT) con la misión de incrementar el crecimiento sostenible y competitividad europea, crear emprendedores del futuro y prepararse para los avances innovadores.

El Gobierno español también activa iniciativas públicas que ofrecen servicios de asistencia, información, asesoramiento y fomento de la cultura emprendedora a través de esquemas de colaboración como es el caso del programa creado por el  Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Una plataforma en la que el emprendedor puede contar con la información y las herramientas de un programa de desarrollo empresarial llamado Crea tu empresa que utilizaremos en la fase de emprendimiento de este proyecto.

La cultura corporativa se ha convertido en un tema de gran interés para las corporaciones debido a la necesidad de ser más competitivos del mercado. Las organizaciones empresariales se componen de grupos de individuos que actúan y crean relaciones laborales, profesionales, económicas y sociales con el fin de satisfacer intereses comunes. Siendo la antropología la disciplina cuyo eje de estudio es la cultura, sería un error no tener en cuenta el aporte que puede realizar en cuanto al análisis, identificación e interpretación de las relaciones culturales dentro del proceso de emprendimiento y el impacto que supone en el logro de los objetivos de empresa (Henderson, 2014, p.137). 

Según Henderson (2014), antropólogo corporativo contemporáneo, “cuando el equipo humano de una compañía se siente totalmente comprometido con la empresa, se convierte en una poderosa fuente de energía, creatividad, empatía, humanidad y capacidad para trabajar en colaboración con eficiencia y altos grados de productividad.” (2014, p.113).
En este trabajo entendemos la cultura de empresa como una construcción social donde las personas que forman parte de un proyecto empresarial actúan en relación a ciertas normas de comportamiento aceptadas entre sus integrantes, y reproducidas a través de la interacción entre los miembros del proyecto empresarial. Y partimos de la premisa de que dichas acciones tienen la capacidad de generar un impacto e influencia significativos sobre la obtención de resultados económicos.

Marco teórico

Birch (1981, p.3-14) publicó los resultados de una investigación que demostraba que entre 1969 y 1976, el 81 % de los nuevos empleos en Estados Unidos provenían de las pequeñas empresas. El economista declaró que las pymes eran innovadoras, flexibles y que el flujo de creación de nuevas empresas era causa del crecimiento económico en las regiones. Entre 1993 y 1996, en Estados Unidos, 350.000 empresas de crecimiento rápido crearon dos tercios de los nuevos puestos de trabajo (Libro Verde, 2003, p.8), de igual modo, entre los años 1994 y 1998, las empresas de crecimiento rápido en Europa contribuyeron positivamente en la creación de empleo, por ejemplo, en los Países Bajos, el 8 % de las empresas de crecimiento rápido fueron responsables del 60 % del crecimiento del empleo en las empresas existentes (Libro verde, 2003, p.8). Las investigaciones demuestran que la iniciativa empresarial o emprendimiento, contribuye notablemente al crecimiento económico y a la reducción del desempleo.

El emprendimiento es un área de investigación relativamente nueva en el ámbito global de las ciencias sociales. Fue a partir de los años 80 cuando la creación de nuevas empresas empezó a tomar importancia entre los estudiosos humanísticos (Hofstede, 1980; Shapero y Sokol, 1982; O ́Farrel, 1986; Granovetter, 1985; Birley, 1985; Gartner, 1988; Low y MacMillan, 1988; Begley y Boyd, 1989. 

Sociólogos de gran prestigio han realizado investigaciones sobre la aparición de la figura del emprendedor y del emprendimiento en la modernidad tardía en el occidente (Ulrich Beck, 1986; Luhmann, 1987; Giddens, 1991; Bourdieu, 1991; Bruyat, 1993; Bruyat y Julien, 1999; Verstraete, 1999; Sennett, 2000; Shane y Venkataraman, 2000; Smith, Glasson y Chadwick, 2005; Fuller y Moran, 2001; Gartner, 2008).

Para  Bourdieu (1991, p. 231) el emprendedor es la figura que mejor encaja en la economía de mercado, es el sujeto social tipo ideal que responde a todas esos aspectos centrales que definen la sociedad actual, un contexto creciente de lógica liberal y mercantil, y que muestran capacidad de responder mediante la construcción reflexiva, racional, flexible y funcionalmente adecuada que desemboca en una biografía única y diferenciada, capaz de enfrentar los desafíos de riesgo e incertidumbre del entorno. Para el sociólogo, ser emprendedor es una forma de vida, un modelo cultural, un modo de estar, una forma de relacionarse con el mundo. Filion (2001), del mismo modo que (Gartner, 2008, p. 351/261) menciona las características más frecuentemente atribuidas al emprendedor hasta el momento, siendo éstas: innovador, líder, creador, tomador de riesgo moderado, flexible, enérgico, independiente, perseverante, original, optimista, desenvuelto, orientado a resultados, necesidad de logro, confianza en sí mismo, horizonte de largo plazo, tolerancia a la ambigüedad y la incertidumbre, con iniciativa, tendencia al aprendizaje, utilización de recursos y sensibilidad hacia los otros. 

Birley (1985, p.107-117), estudioso de las relaciones sociales del emprendedor en su contexto profesional, opina que el emprendedor tiende a recurrir a su red local en la primera fase de su desarrollo para aprovechar la ayuda disponible en su entorno personal y una vez la empresa está formalizada, procede a contactar fuentes formales. La red está constituida por las relaciones entre el empresario, clientes, proveedores, entidades financieras, organismos públicos o privados, familiares, amigos, conocidos y contactos que son necesarias para identificar oportunidades, y según Low y MacMillan (1988, p.139-161), son también necesarias para obtener los recursos que se necesitan para explotar estas oportunidades. Birley y Boyd (1989) distinguen dos tipos de redes: las informales (familia, amigos, negocios) y las formales (bancos, asesores, abogados, etc). Las teorías relativas a las redes entienden que el proceso del emprendimiento está inserto en una red cambiante de relaciones sociales que favorecen o dificultan los enlaces entre los empresarios, los recursos y las oportunidades, y que el emprendedor crea una compleja red de relaciones que utiliza para obtener lo que necesita para emprender: asesoramiento, financiación, ventas, etc. 

La escuela de procesos coloca al individuo en una relación dialógica entre su desarrollo personal y la creación de valor económico, entiende el desarrollo del emprendedor como un proceso dinámico y constante, y vinculado a las relaciones con su entorno. Desde la antropología conviene analizar el fenómeno del emprendimiento desde este sentido amplio en el que interrelaciona el mundo económico-material con el socio-cultural, independientemente de que se trate de una organización legalmente constituida o no, y entendiendo como emprendimiento las iniciativas de agentes individuales o colectivos que promueven transformaciones en el sentido de generar desarrollo a través de la innovación. 

Este proyecto de investigación, basándose en los autores mencionados, crea las bases de un proyecto de emprendimiento para los emprendedores candidatos para la investigación sustentado en que los factores sociales y culturales ayudan a establecer relaciones sociales de confianza y colaboración que proporcionan un contexto dinámico para el emprendimiento, que el emprendedor en la primera fase de su desarrollo tiende a recurrir a su red local para aprovechar la ayuda disponible en su entorno personal y una vez la empresa está formalizada, procede a contactar fuentes formales, que el emprendedor muestra capacidad de responder mediante la construcción reflexiva, racional, flexible y capaz de enfrentar los desafíos de riesgo e incertidumbre del entorno, que ser emprendedor es una forma de vida, un modelo cultural, un modo de estar, una forma de relacionarse con el mundo, que se necesita observar el emprendimiento como un un entramado complejo y multifacético, y que para lograr una mayor comprensión del fenómeno, es necesario estudiar las interrelaciones entre el mundo económico-material con el socio-cultural.

Antes de abordar el concepto de cultura de empresa, quisiera dedicar un espacio para aclarar la palabra cultura, por ser esta predecesora de nuestro objeto de estudio y porque lo estimo necesario para poder apreciar la importancia y relevancia de lo que este proyecto de investigación puede aportar. 

El antropólogo Díaz de Rada (2010) dedicó un libro completo en aclarar el concepto de “cultura”. El autor ha aportado una definición muy completa y de un modo en que podamos identificar los elementos de la cultura de forma visible. Nosotros fundamentamos la investigación sobre esta definición de cultura por su carácter práctico. Según Díaz de Rada (2010), cultura es una forma de vida social; es el conjunto de reglas con cuyo uso las personas dan forma a la relación que las personas mantienen entre sí, en su vida social (2010, p.19). Cuando dice “reglas”, no se refiere a normas escritas o leyes, sino las considera como “las reglas del juego social: reglas que ordenan las relaciones sociales de los unos con los otros” (2010, p.42). Díaz de Rada nos quiere decir que la forma en que las personas actúan y se relacionan en su vida social está directamente relacionada con maneras de proceder socialmente aceptadas y el concepto de cultura se hace visible, cuando alguien se para a describir esas prácticas o maneras de proceder. Pérez Gómez (1991, p.73-72), al igual que comenta el Dr. Díaz de Rada en su concepto de cultura, opina que ésta se ve a través de prácticas, en este caso orales y escritas, y por otro, a través de la descripción.

Cuando nosotros hablamos de cultura de empresa, nos referimos al modo de actuar y de relacionarse entre los miembros pertenecientes al grupo emprendedor que están desarrollando su proyecto empresarial, en relación al conjunto de maneras de proceder aceptadas dentro de la organización que están creando, y en el momento que nosotros como etnógrafos prestamos atención a dichas prácticas o normas aceptadas, las describimos, las interpretamos y hacemos visible lo que a primera vista el ojo humano no puede percibir, la cultura corporativa. 

Entrando más en profundidad en cuanto a cultura organizacional e impacto en la productividad de la empresa, Newman and Carpenter (1993) plantean que existe una estructura informal, que no aparece en el organigrama de la organización y que las relaciones que se crean en dicha estructura informal, tienen una gran influencia sobre la política organizacional y en la aceptación o no de ciertas prácticas dentro de la organización. Esta parte concerniente a la estructura informal que a primera vista no se detecta, es la producida por la cultura corporativa. Koontz, O’Donnel y Weihrich (1988, p.299) hablando de la organización informal, coinciden en que existen interacciones que no aparecen en los organigramas, y añaden que “quiénes tienen el poder real en la empresa independientemente del puesto que ocupan, son los chismes y las “cadenas de rumores”, es decir, las interacciones que ocurren en la estructura informal de la que nos hablan Newman y Carpenter (1993). Atando conceptos, las interacciones informales no contempladas en el organigrama de la organización quedan invisibles a primera vista, producen la cultura corporativa y además tienen una gran influencia en las actividades de la empresa porque según las conclusiones de los investigadores Koontz, O’Donnell y Weihrich (1988), tienen el verdadero poder en la empresa. 

Schein (1993), tras sus investigaciones, otorga importancia al hecho de que compartir experiencias en el entorno de trabajo por un periodo de tiempo produce grupos de miembros homogéneos y estables. Nosotros interpretamos “grupo homogéneo y estable” como conjunto de personas que comparten las mismas lógicas de pensamiento y prácticas enfocadas en una misma dirección. Robbins (1996) coincide con Schein (1993) en la importancia de homogeneidad y añade que cuando personal y compañía están alineados en la misma dirección, convierten a la organización capaz de enfrentar los retos a los que se enfrenta porque un grupo homogéneo y estable se siente comprometido con los objetivos de la empresa. En la misma línea, Morgan (2009) enfatiza la necesidad de crear sistemas que comparten significados para que el personal se sienta comprometido con los objetivos y dirección de la corporación. 

Este proyecto de investigación, basándose en los investigadores mencionados, sustenta su estudio en que la organización es un fenómeno cultural, una construcción social donde se producen prácticas e interacciones aceptadas informalmente dentro del seno de la organización, que dicha estructura informal no es visible a primera vista, que construye la cultura corporativa y que tiene un gran impacto sobre la actividad empresarial diaria, su productividad y su capacidad de cumplir los objetivos. Además entendemos que un equipo de trabajo que comparte significados con la empresa, es un equipo estable, un equipo comprometido con la dirección de compañía y enfocado hacia la excelencia empresarial. 

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